jueves, 1 de diciembre de 2011

Fuera de control...

La vorágine de su vida pasada la tenía ahora preocupada. No es que tuviera miedo de algo. O más bien, sí. No quería aceptarlo y eso hacía las cosas más complicadas. En la flor de su juventud, aún no se hallaba en medio de una sociedad de adultos que pretenden decirte qué puedes o debes hacer. Nunca más solitaria, como cuando estás fuera de tu terruño y extrañas a tus amigos de infancia o adolescencia, decidió que era hora de huir de su pasado y mirar hacia el futuro; o al menos eso parecía. Así era Clarisa

Soñaba que quería ser una doctora, pero su forma de ver el mundo me hacía verla una artista. Inconforme hasta el tuétano, su sonrisa destilaba cierto cinismo, como cuando sabes que tienes que hacer las cosas porque no te queda otra opción a pesar que no te parece. Y no te parece pues, Clarisa, siempre será así. Recuerdas cuando te dije lo que pensaba acerca de tí a pesar que no te conocía mucho y te quedaste sorprendida por lo acertada de mi apreciación? No quieres crecer, nadie quiere hacerlo. Pero no, eso no está en nuestras manos. O talvez sí.

Si algo aprendí de tí es que no es posible tapar el sol con un dedo y que las marcas de la vida no sólo están para recordar lecciones aprendidas. Tú, mejor que yo, sabes que la historia personal delata tus alegrías y desencantos, virtudes y debilidades, hazañas y pecados. Y a veces las heridas pesan más que las lecciones, amiga. Por eso espero que retomes algún día tus sueños por más complicados que parezcan y no dejes que el descontrol se apodere de tí, otra vez. No quisiera saber de aquí a veinte años que estuviste de tumbo en tumbo por la vida, sin haberte encontrado a tí misma jamás. Y sea donde sea que te encuentres, sabes que siempre habrá espacio para un "Hey, wutzup?" en el muro de mis lamentos.

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