Mañana es el referendo por la revocatoria y hasta este momento tanto las fuerzas del SÍ como del NO se han esforzado por presentarse como la mejor opción, sin escatimar en usar todas las argucias que consideren válidas - aún cuando algunas son muy discutibles - ni en gastos (desde publicidad en paneles enormes, Facebook, taxis, etc.).
Cuando las campañas se tornan tan complicadas debido principalmente a que en el fondo se percibe una disputa entre fuerzas políticas y económicas que en muchos casos no representan realmente lo que quiere el ciudadano de a pie, decidir por una opción se convierte en una carga, una suerte de examen del curso que no me gusta - pero que estoy obligado a llevar - para el cual no he estudiado y al que, a pesar de haber estado programado desde hace tiempo, la verdad no tengo ganas de asistir. Tanta (des)información abruma y como los intereses de quienes se disputan el poder son ajenos a los del pueblo, creo no equivocarme al decir que estas elecciones, así como muchas otras, al ciudadano común le valen. Y sin embargo, me avergüenza aceptarlo.
Mientras escribo esto, Juan Martín del Potro viene remontando un partido complicado frente al gran Novak Djokovic. Menciono esto porque, a diferencia de las confrontaciones en política (más aún en aquellas binarias como la de mañana), los partidos de tenis se resuelven punto a punto, con mucho esfuerzo y concentración, pero sin perder el respeto al rival de turno ni al público que los apoya. Cuándo llegará el día en que se pueda decidir sobre propuestas objetivas y no viscerales? Ojalá llegue a ver aquel día. Mientras tanto, seguiré viendo el partido el cual espero me ayude a aclarar mis ideas. Amén.



